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Sin comunión, no sirves

A los pobres siempre los tendrán entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Jn 12.8

La vida con Dios no solo se trata del servicio que prestamos a otros, aunque sí es importante, para Jesús lo principal es crear una comunión con Él. La idea es que su presencia en nuestra vida sea como un buen perfume: un aroma agradable que se esparce y atrae a quienes nos rodean.

Entonces María tomó unos trescientos gramos de perfume de nardo puro, que era muy caro, y con él ungió los pies de Jesús, y con sus cabellos los enjugó. Y la casa se llenó con el olor del perfume. Jn 12.3

El comienzo es la comunión

La acción de María y su insistencia por estar a los pies de Jesús es el reflejo de una actitud humilde que reconoce la importancia de vivir conectado con Dios, lo que, en quienes rechazan a Dios, despierta celos y críticas:

¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios, y se les dio a los pobres? Jn 12.5

Pero para quienes lo conocen o anhelan conocerlo, es un aroma que inspira vida:

Ciertamente, para Dios somos el fragante aroma de Cristo, tanto en los que se salvan como en los que se pierden. Para éstos somos olor de muerte, que lleva a la muerte, y para aquéllos somos olor de vida que lleva a la vida. 2 Cor. 2.15-16a

De la comunión a un auténtico servicio

Desconectados de Dios no podemos servir realmente a los demás. Oportunidades para servir a quienes lo necesitan habrá muchas, pero ¿es en realidad lo que quieres hacer? ¿Tienes una intención oculta o hay en ti un verdadero deseo por hacer el bien? Cuando no tenemos una comunión con Dios, la actitud no es la correcta y el corazón está aferrado a recibir reconocimiento, olvidas el verdadero sentido del servicio y, sobre todo, pierdes de vista al mejor ejemplo de este: Jesús.

Yo soy la vida y ustedes los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí ustedes nada pueden hacer. Jn 15.5

 

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